Una cita con Sarah Jessica Parker

Muchos se han sorprendido de haberme visto recientemente junto a Sarah Jessica Parker y la verdad es que no ha sido algo premeditado, sino una cita que llevaba gestándose desde hacía más de un año y que ahora quiero compartir con todos ustedes.

Dice el dicho que quien la sigue la consigue, y algo parecido me ha pasado a mí. Hace tiempo escribí un blog en el que contaba lo que había significado la serie “Sex and the City” en mi adolescencia y en mi vida en general, y con ese post inauguré mi blog, y ahora me hace mucha ilusión escribir sobre este encuentro de más de una hora con una de las personas que más admiro en este mundo.

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Nunca me llegué a imaginar que algo así pudiera sucederme, y aunque es verdad que la había conocido en dos ocasiones anteriores, esta iba a ser diferente. Esto era mucho más que la cita de un admirador con su artista, íbamos a compartir tiempo juntos, podríamos mantener una conversación, mirarnos, conocernos y compartir algo más que una simple foto.

 

Cuadrar un viaje de estas características no era cosa fácil, yo vivo en Madrid y la cita debía producirse en Nueva York ¿Hay algo más especial que conocer a la reina de la gran manzana justo en la misma ciudad?. ¿Cuántas veces suceden este tipo de cosas?,¿Le caeré bien?,¿Habrá conexión? …Eran las preguntas que más se repetían en mi cabeza una y otra vez. Antes de partir hacía “la ciudad de los sueños” tenía que encargarme de algo muy importante, su regalo. ¿Qué se le puede regalar a Sarah Jessica Parker? Esa era la pregunta del millón.

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¿Qué le regalas a alguien que materialmente aparenta tenerlo todo? (cosa que no es de extrañar) y que encima tiene su propia marca de zapatos, bolsos, gafas y hasta vinos. Pues aunque no lo creáis fue lo más fácil del mundo. Les pongo en situación, Sarah en su visita a España hace dos años, visitó la tienda de un artesano muy famoso, Javier Sánchez Medina y se quedó fascinada con sus piezas (sobre todo con sus famosas cabezas de animales) y además de llevarse una para su casa, lo compartió en sus redes y desde entonces mantienen una conexión especial de artista a artista. Hoy en día Javier y yo nos hemos hecho muy amigos y esa confianza me permitió pedirle a Javi que creara algo bonito para ella, una cabeza confeccionada según lo que él creía que le iba hacer ilusión. Le voy a estar eternamente agradecido de que haya participado en esta aventura conmigo (Te quiero señor Medina).

Una vez elegido el regalo, solamente quedaba esperar a que llegara el día y ver qué sucedería una vez estuviera con ella. La cita tendría lugar en su tienda de la 5º Avenida, nos había citado a las 12pm y según palabras de su agente, debíamos de ser muy puntuales porque Sarah tenía un compromiso justo después de atenderme. ¿Cómo iba a ser capaz de dejar esperando a la mismísima Parker? ¿Se imaginan?.

Recuerdo perfectamente los nervios que tenía esa mañana. Uno de mis principales miedos era la posible falta de comunicación entre nosotros dos. Mi inglés es demasiado justo y mi única esperanza era tirar de móvil o de alguien que estuviera presente con ella y hablara español (desde aquí quiero agradecer también a Mateo Sancho por intentar ayudarme consiguiéndome el contacto de algún intérprete). Pero afortunadamente la suerte iba a estar de mi lado. Me presenté en la tienda con tres minutos de antelación (tampoco quería parecer desesperado) y nada más entrar nos recibió su agente. Sarah aun no había llegado y aproveché para decirle que mi inglés no había mejorado en el año este que llevábamos planeando la cita y se hizo el milagro. Justo en la tienda había un chico de seguridad que hablaba perfectamente español y se ofrecía a ayudarme en todo lo que necesitara.

 

En medio de la alegría y mientras observaba el espacio, escuché una voz que me resultaba familiar, era Sarah Jessica Parker, por fin daba comienzo la cita. Se presentó con un blusón negro hasta por debajo de las rodillas, una súper gafas de sol, unos zapatos de su colección y una mochila. Nuestra primera reacción fue saludarnos con la mano y presentarnos de manera correcta. Ella me pidió que esperara unos minutos para dejar las cosas y empezar el encuentro.

En ese momento, ella me guiñó el ojo y dejó caer esa sonrisa enorme que la caracteriza y de repente todos mis nervios desaparecieron. No pasaron ni dos minutos y volvió a salir, me cogió de la mano y me explicó que quería encontrar un zapato que se adecuara a mis características. (La cita consistía en elegir un zapato de tacón a gusto de los dos o en su caso mandar hacer uno). Había un problema, yo calzo un 44 y los tacones de su colección sólo llegaban hasta el 42. Ella se lo imaginaba (y además sabía que solo podría utilizarlo para fotos) así que me dijo que sacaría todos los zapatos que tuviera de la talla 42 y vaya si lo hizo…

 

A los pocos minutos ya me tenía sentado en un sofá mientras me mostraba ilusionada toda su colección. Pero de manera literal, ella estaba sentada en el suelo mientras abría caja tras caja. De repente éramos dos amigas eligiendo el mejor tacón. Sarah me tenía pillado el truco y desechaba los zapatos que tuviera poco tacón, y cada vez que sacaba un zapato de tacón bajo me hacía un guiño con la cara en plan … “este ni de coña”. Fueron unos momentos surrealistas pero lo mejor estaba por venir. De repente encontramos el zapato ideal, unas sandalias multicolor, con un tacón alto que eran una maravilla y ¿Qué quería Sarah? Que me quitara inmediatamente las deportivas y me probara el zapato. Casi me da algo de la vergüenza, ¡Ni siquiera sabía como tenía las uñas del pie! Por más que intenté persuadirla, su equipo me dijo que estaba obstinada en vérmelos puestos. En esos momentos me quería morir ¿y si ni siquiera me entraban? Mientras pasaban esas preguntas por mi cabeza, Sarah hacía fuerza con la piel de los zapatos, para que pudiera introducírmelos . Me explicó que siempre tenemos un pie más pequeño que el otro y que me animara a probármelo ¿Y que pasó? Que milagrosamente entró como la seda, sin esfuerzos, sin nada de nada. La cara de ella era un poema, de repente estaba súper feliz y quería que me probara el otro y obviamente yo ya estaba con el guapo subido y esta vez no dude ni un solo momento.

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Acto seguido ya estaba de pie desfilando delante de ella. Creo que ese momento la puso muy contenta, su idea principal era verme caminar con unos zapatos de su colección y al final todo salió a las mil maravillas. Creo que fueron cinco minutos los que estuve caminado por toda la tienda bajo la mirada divertida de todo su equipo, incluido la de ella. Pasado ese momento y tras compartir una charla que me guardaré para mí, llegó el momento de darle su regalo.

Al llegar unos minutos antes que ella, había colocado estratégicamente la bolsa en un lugar que no llamara su atención. Sarah recibió de buen agrado el paquete y la cara que se le quedo cuando descubrió su interior ha sido uno de los momentos más emotivos de toda la cita.

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“¡Javier!”, grito entusiasmada. Yo creo que lo menos que se esperaba del mundo era que yo me presentara con esa cabeza de animal en su tienda. Sarah daba saltitos, olía la cabeza, me contaba que lo conocía, me abrazaba, me daba besos, miraba la cabeza detenidamente, me explicaba que en su casa tenía otro ejemplar y que le tenía mucho cariño. Yo creo que ese momento nos unió más y de repente el resto de la cita fueron abrazos y gestos de cariño. Unas de las personas de su equipo se acercó a mí y me confesó que le había hecho muy feliz ese regalo, una vez más, gracias Javier.

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El resto de la cita la dedicamos a sacar fotos, videos, firmar autógrafos y hablar sobre mi vuelta a casa y como había sido mi vuelo. ¿Quieren saber otra anécdota? Sarah me volvió a pedir que me pusiera los tacones para sacarnos las fotos (yo creo que esa imagen de un chico de 1,80 con sus tacones puestos es algo que le ha maravillado) y obviamente si lo dice ella, va a misa.

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La despedida fue muy emotiva, mientras me agarraba me decía que estaba segura que nos encontraríamos más veces (también me lo dejó escrito en un autógrafo) y que si era en España, mejor. Yo me quedo con ese buen royo que transmite, esta experiencia con ella y los recuerdos, que al fin y al cabo son la única posesión que nos acompañará de por vida.

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