Mi pequeña Sirenita

Dicen que hay un momento en nuestra vida donde forjamos nuestra personalidad, y que esta fase se desarrolla hasta los siete años. De este tiempo a mí creo que me sobraron tres años, porque fue a los cuatro donde comenzó mi fijación por “La Sirenita” y lo que para mí ella representaba.
No soy ningún enfermo ni nada por el estilo, ahora nos identificamos con personas reales; ya sean estrellas, familiares o amigos… pero cuando eras pequeño hacías lo mismo pero con personajes de ficción, yo por ejemplo era; Xena la princesa guerrera, Punky Bruster, Ariel (sí, todos femeninos) pero por paradojas del destino había una que sabía que no iba ni quería sacar nunca de mi vida. Recuerdo preguntarle a mi madre continuamente con menos de medio metro: “¿a que siempre me va a gustar La Sirenita?”; no recuerdo las contestaciones de ella, pero si recuerdo cuando con cinco años una tía de mi madre (de cuyo nombre no quiero acordarme…) me regaló una Barbie de Ariel con una ballena que se llamaba Manchita y mi padre a los dos días decidió retirármela porque no era un juguete para niños, en fin, que hasta que mi madre decidió desaparecerla me la pusieron en la repisa mas alta donde yo la admiraba como si de una virgen se tratara.

Siempre me sentí fascinado por el mundo Disney, pero mucho más por esa sirena de cola verde y pelo rojo. Yo no concebía las navidades o el día de mi cumpleaños sin obtener un película en vhs de alguno de los clásicos. Para los que me entiendan, nací en 1990 justo en la época dorada de Disney, donde se sucedieron un sinfín de películas como Aladdín, la bella y la bestia, el rey león, Pocahontas…
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Al principio todo se reducía a la típica historia de un niño que toma por favorito un dibujo en concreto, pero con el paso del tiempo, aquella película tomó fuerza en mí. Con los años fui creciendo, pero mi esencia no cambió. La sirenita contaba (olvidándonos de la historia de amor) la historia de una adolecente que lucha contra todo lo que le rodea para conseguir su propia felicidad sin importar que su opinión no fuera compartida. Ese eslogan se me quedó grabado en mi cabeza y siempre sentí que me estaba queriendo decir algo.
De pequeño no fui un niño bien entendido (o quizá poco aceptado) y aprendí ,como he comentado en alguna ocasión, a disfrutar de mi soledad y a sentirme arropado con mis películas y mi música. Sin querer había creado un espacio limpio y sin perjuicios donde todos tenían cabida y aunque iba ampliando mis gustos y llegando cosas nuevas a mi adolescencia aquella película siempre me proporcionó felicidad aunque solo fuera recordarla.

Siempre he sido una persona inconformista, pienso que el tiempo no espera a nadie y que debes encontrar la felicidad sea cual sea, me refiero a que no tiene que ser un fin concreto, simplemente estar a gusto contigo mismo. Ariel era una adolescente que ocultaba lo que mas le gustaba a su alrededor por miedo a que se lo robaran, Ariel era una joven que luchó por su felicidad aunque no contara con la aprobación de nadie, Ariel luchó por lo que ella creía que era su fin en esta vida y lo logró, Ariel tuvo que sacrificar cosas, pero no le importo, ella quería ser feliz…

A veces, me quedo impresionado por lo rápido que pasa el tiempo y como cambia la forma de ver las cosas y con ella tu forma de pensar. Hubo un momento de mi vida donde todo esto me preocupaba, me preocupaba no asimilar que la vida tiene épocas y que no todas son iguales. En palabras textuales que me escribió una vez un amigo; pienso que todas estas cosas que hago es porque antes ellos lo hicieron por mí. Y La sirenita me recuerda los mejores momentos de mi infancia, mi adolescencia y hasta mi día a día, porque en cada etapa y de manera diferente siempre ha estado presente y creo que a estas alturas no existe nadie en el mundo que me haya tratado alguna vez y no sepa de mi debilidad.

 

A día de hoy me siento muy afortunado porque disfruto con las cosas que hago, me planteo retos y metas y aunque a veces las cumpla y otras no, me siento fuerte para seguir enfrentándolas y sobretodo sigo sintiendo que tengo una sirenita dentro que me motiva a seguir cumpliendo los sueños sea cual sea la edad que tenga.

Fotografía: Joan Crisol

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