Mi querido injerto…

Complejos ¿alguien los tiene? ¿los ha tenido? yo creo que siempre hay algo que falla en nosotros mismos y no porque no sea bello y digno de admirar sino porque nos crea una inseguridad que va menguando nuestra autoestima día a día. Mi caso, como el de muchos hombres, era el pelo. Tengo 26 años, nadie me lo percibía, pero yo si…

Desde hacía años notaba una perdida notable de mi pelo, que acabó con un corte radical que casualmente mucha gente alabó y otra gente no… lo que no sabían esas personas era que no lo hacía por opción, sino por necesidad, necesidad de sentirme mejor. Al principio lucía un estupendo tupé y me juré a mi mismo mantenerlo como mantiene su peinado la mismísima Anna Wintour, pero no lo pude hacer realidad. El pelo se me caía y tras pasar por varios especialistas, medicamentos y champús varios me dí por vencido. Me diagnosticaron una alopecia seborreica hereditaria, si lo sé, el nombre daba miedo y aquello parecía incurable, mi vida capilar se desvanecía ante mis ojos ante tal cruel veredicto.
Ante mi negación a aceptar lo que las leyes de la naturaleza me tenían preparado comencé a utilizar productos como el Toppick,  que disimulaban mi promiscua calvicie a base de tinta negra. Pero todo aquello no ayudaba y como soy de ideas fijas, con el tiempo quise darle solución radical a mi “problema”.
Un día no aguante mas y me propuse llevar a cabo mi plan B: el “micro injerto”. No fue difícil decidirme, en Madrid los precios eran desorbitados, y lo que me ofrecían no me convencía, así que me fui a Estambul. Calidad y precio me ayudaron a decidirme, y a los pocos días me encaminé hacia mi destino. No era consciente del paso que iba a tomar hasta que me vi en la sala de operaciones, me había ido solo, haciendo transbordo en Alemania y sin dominar el idioma (me he prometido aprender inglés).
Me hice el valiente, aposté por mi sueño y me sometí a nueve horas de operación, todo fue perfecto al principio, exceptuando el momento en que un doctor sin ningún tipo de miramientos me rapó la cabeza al cero. No recuerdo la última vez que me vi así, pero visioné la meta y me dejé llevar, pero después de 6 horas el tiempo fue en mi contra y mi cansancio se apoderó de mí. Estaba desafiando a mi mayor complejo, estaba feliz, pero por primera vez me comencé a plantear cuestiones hasta ahora implanteables porque a pesar de que era mi sueño, nunca me había imaginado que sucedería llegado el momento ¿sería eficaz? ¿que pasaría ahora? ¿me crecerá el pelo? ¿podré salir de casa en los próximos días?
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Cuando terminó la operación tuve la oportunidad de mirarme por primera vez en el espejo, voy a obviar lo primero que me vino a la cabeza y solo recordaré lo que me dijo una amiga por teléfono nada mas llegar a la habitación de mi hotel: “es el postoperatorio mona, aguanta como una celebrity”. Los que hayan pasado alguna vez por algo similar me comprenderán, yo hasta ahora no lo había padecido. Al día siguiente, después de una revisión volví a Madrid. Aún recuerdo como me miraba todo el mundo en los dos vuelos de vuelta (si también hice transbordo) yo ya me imaginaba el resultado final y sin poder evitarlo en mi cabeza solo sonaba la mítica canción de Gloria Trevi “y me solté el cabello, me vestí de reina..” no me importaba nada, por fin lo había conseguido..

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Semanas después, estoy notando los cambios.. esto va viento en popa, el campo empieza a florecer y miro hacía al futuro con mas seguridad. Les iré contando..
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Soy feliz!

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